jueves, 18 de diciembre de 2014

La Guardia Real cuesta 45 millones de pesetas, lo que parece excesivo por las funciones exclusivas que cumple


Exista una notable diferencia entre la Guardia Real española y las Unidades del Ejército Británico que tienen encomendada la custodia y resguardo de la Corona. La primera no tiene otra misión que la establecida en el en el artículo 6.º del Real Decreto núm. 434/1988: "Proporcionar el servicio de guardia militar, rendir honores y dar escoltas solemnes a S.M. el Rey y a los miembros de Su Real Familia que se determinen, prestando análogos servicios a los jefes de Estado extranjeros cuando se ordene". Lo cual se concreta además en otra serie de aspectos más específicos, como prestar la guardia militar en las diversas residencias que usa la familia real y en otros lugares a dónde se desplacen como los reales sitios.

Además, como soldados de parada, hacen las labores propias de escoltas, honores, saludos, etc. en todo tipo de actos, incluidos los fúnebres. En ese sentido, es una unidad vistosa, tanto sus unidades a pie como a caballo. En el mismo sentido, escoltan a jefes de Estado extranjeros y les prestan los honores correspondientes. Luego cumplen otra serie de misiones logísticas y administrativas.

Pero la diferencia más acusada entre la Guardia Real Española y las Unidades asignadas a la Guardia de la Reina de Inglaterra, es que éstas son unidades normales del Ejército Regular, sujetas además a las mismas vicisitudes en campaña y las misiones en el extranjero, donde recientemente han sufrido bajas. En tiempo de guerra, las unidades de la Guardia son las primeras en entrar en combate y tienen especial orgullo en ser ejemplares, como demostraron en la II Guerra Mundial.

Yo me pregunto si se justifica en estos tiempos una Guardia Real tan numerosa, con 1.500 efectivos, que cuestan a los españoles 45 millones de pesetas al año. Y si no se podía reducirla sensiblemente y que, como se hacía en tiempos de Alfonso XIII, y de ello abundan las pruebas documentales, todas las unidades del Ejército pasaran por el servicio de custodia y guardia del Rey.

Desde el punto de vista administrativo, la Guardia es una unidad más de las Fuerzas Armadas, de modo que para los oficiales es un destino más en su carrera. Por ello, no tengo duda, de que si así se dispusiere, acudirían sin el menor reparo a las misiones semejantes a otras unidades regulares, donde fuere. Es más, creo que muchos de ellos ya habrán cumplido o van a cumplir servicios en el exterior. Por lo tanto, creo que vendrían bien a la imagen y prestigio de la mencionada guardia acercarse a lo que es habitual en otras unidades, como ocurre en Inglaterra. Y me aventuro a pensar que tanto los suboficiales como la tropa compartirían con gusto esas encomiendas.

Dejarían de ser soldaditos de parada (ya sé que ganan todas las maniobras y que desfilan que es un primor) para convertirse en soldados de verdad, como los demás, como hemos sido los demás, en nuestro tiempo, y también desfilábamos con gracia, soltura y ritmo.

¿Se justifica el costo de la Guardia Real con lo que hace? ¿Qué va a pasar con los pretendidos aires modernizadores que el Rey está introduciendo. ¿Para qué una guardia militar si, para empezar, ni siquiera va a seguir la liturgia del día militar, con el izado y arriado de bandera y honores a los caídos, que ahora será una ceremonia extraordinaria en días señalados?  Eso han anunciado. Yo quiero verlo.

Deberíamos tomar nota de cómo hacen las cosas los ingleses.

Los regimientos británicos (De a pie) conocidos como "La División de la casa" que prestan la guardia a la Reina de Inglaterra son los “Grenadier Guards”, “Coldstream Guards”, “Scots Guard”,  “Irish Guards”,  “Welsh Guards” (estas tres últimas las Guardias Escocesa, Irlandesa y Galesa)

La Guardia Coldstream es regimiento más antiguo del Ejército británico, formado en 1650 durante la Guerra Civil inglesa, en tiempos de Oliver Cromwell. A considerable distancia de la antigüedad de los regimientos españoles, como los propios británicos reconocen.

Pero a diferencia de la Guardia Real española, los regimientos que custodian a la Reina de Inglaterra, han sido desplegados en Irlanda del Norte, en los Balcanes, en Irak y Afganistán. O donde haga falta. Aparte de ello, cualquier unidad de la Commonwealth puede proporcionar la guardia. En muchas ocasiones, la brigada de infantería de los Gurkhas, el Regimiento RAF y la Infantería Real de la Marina han proporcionado guardias, así como otros países de la Commonwealth.

La Guardia participan todos los años en la "Trooping the Colour", un tradicional desfile de los principales regimientos de Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda del Norte y la Mancomunidad Británica o Commonwealth que se realiza cada año desde el siglo XVII para celebrar el cumpleaños real desde 1748. La gran parada se realiza en Londres en el parque de Saint. James.

Pero pese a su vistosidad, en la práctica no se diferencian en nada cuando tienen que acudir a donde los manden como a la más vulgar unidad de Infantería.



martes, 2 de diciembre de 2014

A los seis meses de la abdicación de Juan Carlos I, la Monarquía pretende reinventarse con gestos irrelevantes

El pretendido nuevo estilo son una serie de detalles menores presentados como grandes novedades, acuciados por la necesidad de aparentar modernidad

Estos días, los turiferarios más conocidos, los periodistas de cámara de mayor renombre, los émulos de los que se cambiaron por las mulas de Fernando VII, lanzan las campanas al vuelo, despliegan la trompetería más servil para proclamar su goce por la gran efemérides, se cumplen seis meses de que el sucesor del Caudillo a título de Rey cambió su rol de Rey activo por Rey honorario, meritorio o vaya usted a saber exactamente qué. Insólita figura, duplicidad no contemplada en la Constitución, que tanto se invoca como texto inamovible cuando conviene.
Veamos las grandes novedades de Felipe, a tenor de lo que publica la Casa Real y propalan sus más leales y entusiastas siervos.
-- Prohibir a los miembros de la familia real que trabajen para empresas públicas o privadas. Sólo podrán desarrollar las actividades institucionales que les encargue el Rey o, en su caso, el Gobierno, cuando requiera su aprobación. Pero eso ya caía de cajón, ya que podían ser considerados como “funcionarios” que cobraban del Estado hasta ahora. Lo anormal es lo que ha venido pasando y pasan.
-- Los miembros de la familia de Felipe VI, que no formen parte de la familia real, no desarrollarán actividades institucionales ni percibirán retribución del presupuesto de la Casa del Rey. De momento, no sabemos si la infanta Elena está dentro o fuera de ese concepto de familia, porque la siguen mandando a representar a la Corona a los más diversos menesteres.
-- El establecimiento, antes de que finalice 2014, de un régimen jurídico de los regalos recibidos por los miembros de la familia real. Lástima que no alcance la devolución de otros que no sólo se disfrutaron, sino que se pulieron y cuyos beneficios aparecieron en Suiza, como la venta de la isla de Cortegada, en Galicia.
-- La aprobación de un código de conducta para el personal de La Zarzuela que incorpore principios de buen gobierno. ¿Para qué? Todo el personal de la Administración del Estado debe cumplir sus deberes con probidad y honradez.
-- A partir de 2015, las cuentas de la Casa del Rey estarán sometidas a una auditoría externa realizada por la Intervención General del Estado. ¿Qué cuentas? ¿Sabremos de verdad lo que cuesta la Casa Real o sólo el presupuesto oficial específico, que deja fuera los costos de la Institución que cubren Hacienda, Interior, Defensa, Transportes y Asuntos Exteriores?
Estos últimos días, se han añadido “como novedades relevantísimas” medidas tan renovadoras como
-Cambio del mástil de la bandera en el Complejo de la Moncloa y reducción a cuatro ocasiones, la ceremonia ordinaria de izado y arriado.
-Supresión de la expresión “Que Dios guarde” en el encabezamiento de las invitaciones de la Casa Real.
-Clasificación de los ciudadanos en función de sus tendencias sexuales, convirtiendo en “un colectivo” a los heterosexuales; de modo que los ciudadanos no se seleccionan por lo que son o representan, sino por sus pulsiones más íntimas.
¿Y qué pasa con los privilegios de que gozan los miembros de la familia del Rey en cuanto a viajes, uso de zonas Vips de los aeropuertos, escoltas (incluido el justiciable Urdangarín? Salvo lo que ahora se nos presenta como núcleo reducido de la familia, ¿se suprimirán los otros miembros de la familia (infantes) en el orden de precedencias del Protocolo oficial que trasladan al presidente del Gobierno, elegido por los ciudadanos y demás cargos democráticos, a partir de la 8ª plaza?
La monarquía es la misma de siempre, con apenas un pobre maquillaje.
¡Ah!, pero están muy contentos. Las tres personas mejor valoradas de España, en el escenario político son Felipe I, Letizia Ortiz y Pablo Iglesias.
Es que éste es un país con mucha guasa.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los españoles somos todos iguales

El Tribunal Constitucional estableció que el título de nobleza se halla desprovisto hoy de todo contenido jurídico-material en nuestro ordenamiento, más allá del derecho a usar un “nomen honoris”. El significado del título sólo es simbólico. 

Por sentencia 126/1997, de 3 de julio, del Tribunal Constitucional sobre la igualdad jurídica del hombre y la mujer para ostentar títulos nobiliarios, en su fundamento 12, se reitera que el título de nobleza se halla desprovisto hoy de todo contenido jurídico-material en nuestro ordenamiento, más allá del derecho a usar un “nomen honoris”. Y añade que el significado del título no es material, sino simbólico.

Y esa idea
–qué no sé de dónde se sacan algunos expertos en Protocolo- de que los “Grandes de España”, que no figuran en el Ordenamiento Oficial de Precedencias, de que se deben situar junto a los secretarios de Estado, conviene recordar:

1º. Como queda dicho los españoles somos iguales. Los títulos nobiliarios no dan precedencia en nada. Son simbólicos.
2º. No pocos, fueron adquiridos por compra, no otorgados. O como en el caso del ducado de Alba una curiosa peripecia del destino.
3º. En  España no existe Corte, ni Protocolo de Corte.
4º. Lamentablemente, cuando se suprimen los señoríos jurisdiccionales, el Estado no se apropió de los bienes que ostenta, con un régimen fiscal privilegiado.
5º. Lo primero que hace le República es clausurar el Registro de la Nobleza. Ya se ha hecho y se volverá a hacer.

Sobre este asunto, la profesora María del Mar Felices de la Universidad de Almería, es autora de un trabajo excelente sobre “la venta privada de títulos nobiliarios durante los reinados de Felipe V y Fernando VI (1701-1759”, donde escribe:

“Durante el siglo XVIII, existieron diversas vías que permitieron, mediante el pago de una cuantía determinada, el acceso a la nobleza titulada de numerosos individuos con sólidos capitales, pero con oscuros orígenes en algunos casos2. Una de las fórmulas más empleadas fue la venta directa desde la Corte, donde se dispensaron honores nobiliarios tras efectuar un ingreso previo en las tesorerías de Madrid o Indias. Otra vía de enajenación fue la obtención de un título nobiliario a cambio de renunciar a deudas que se tuvieran contra la Real Hacienda. Esto sucedió, por ejemplo, en el caso de algunos prestamistas y asentistas que habían facilitado dinero a la Corona, o de personas a las que se les debían sueldos atrasados.
Esta fórmula implicaba igualmente la compra del honor, ya que a fin de cuentas el particular cedía un monto de dinero determinado a cambio de un título.
Los virreyes y gobernadores de Indias también fueron comisionados en diversas ocasiones para beneficiar estos honores en aquellos territorios donde existía una gran acumulación de capital y donde la búsqueda del prestigio y el reconocimiento social era mayor. Asimismo, los títulos nobiliarios fueron enajenados a través de instituciones religiosas, conventos y monasterios, una vía que comenzó a desarrollarse en el siglo XVII y que se intensificó en las décadas sucesivas, de modo que para mediados del siglo XVIII se convirtió en una de las más activad”.

Alfonso Guerra quiso evitar que las Armas de la Casa de Francia se colocaran sobre las de España en el escudo oficial

Algunos de los secretos de la Transición, cuando se fraguaron aspectos esenciales de la configuración de la monarquía parlamentaria, se van conociendo en la medida que se publican relatos y memorias de personajes de aquel tiempo. Esos datos aparecen a veces perdidos, como el hecho de que don Juan quiso, tras su renuncia al trono que le dieran el tratamiento de Rey, o lo que es mejor, que Alfonso Guerra quiso evitar que las armas de los Borbones figurasen en el Escudo Nacional.

Ambas cosas las revela Manuel Soriano en su exitosa biografía del que fuera Jefe de la Casa Real Sabino Fernández Campo, que tantos secretos se llevó con él, pero que no pudo evitar que con el tiempo trascendieran algunas importantes confidencias

Ley 33/1981, de 5 de octubre, del Escudo de España, tras describir las Armas de la Nación en su artículo primero, como ahora se conocen, dice en su artículo segundo “El Escudo de España, tal como se describe en el artículo anterior, lleva escusón de azur o azul, tres lises de oro, puestas dos y una, la bordura lisa, de gules o rojo, propio de la dinastía reinante”. Dice “escusón .o escudo pequeño- no dice “rosetón “, como ahora figura.

Para diferenciar a los Borbones españoles de su casa mayor de Francia, se rodea las flores de lis con un cerco rojo. Pero como saben, en la camiseta de la Selección Nacional de Fútbol no se dieron cuenta y las lises de la Casa de Francia campean con todo su esplendor.

En la magnífica obra del Instituto de Estudios Políticos y Constitucionales sobre los “Símbolos de España”, además de subrayar que, conforme las leyes heráldicas otro debería ser el diseño del Escudo de España y no el oficialmente en vigor, se alude a la discusión parlamentaria previa a la aprobación del Escudo. Y en este sentido se indica que fue Joaquín Satrústegui quien propuso incluir en el Escudo Nacional el escusón con las armas de los Borbones.

No fue posible, como parecía lógico diferenciar las armas de la nación de las del Rey. Sobre todo si te tiene en cuenta que la soberanía de la nación reside en el pueblo español, no en el monarca, que no es propiamente soberano, sino jefe de Estado.

Como el PSOE no insistió, pese a la advertencia de Alfonso Guerra,  las cosas quedaron del modo conocido, con un escudo nacional que es en sí mismo una birria. Y que, incluidas las armas de la Casa de Francia, debería ser bien diferente del actual, según los expertos. En todo caso, llegada la República lo primero en apear el escudo serán las lises de Francia, el segado de coronas y la colocación de la corona mural. Compárese el diseño actual con el que debería ser, en todo caso, conforme el citado estudio heráldico del Instituto de Estudios Políticos y Constitucionales.

Siempre me he preguntado qué pensaría Fernando el Católico o Carlos I si vieran en qué ha parado el más expresivo símbolo del Reino de España, que tuve a francés por repetido enemigo.



Los ridículos gestos de modernización de la Casa Real

En los últimos días, la Casa Real ha evacuado una serie de contradictorias noticias, que por un lado presenta como novedades cosas viejas y por otro contradicen la propia esencia y condición de la institución. Es una especie de adaptación camaleónica, que sin variar lo esencial de la Corona ofrezca una falsa sensación de modernidad.

El 27 de noviembre, la agencia Efe distribuía un telegrama dando cuenta de que “Don Felipe ha dispuesto que frente a la entrada principal de las dependencias de la Casa del Rey en la Zarzuela ondee permanentemente una bandera de España, que sustituye desde esta semana a la que era izada y arriada a diario en el puesto de guardia del palacio”.

¿Novedad? Nueva bandera? ¿Acaso la han cambiado? Ninguna, un simple cambio de ubicación del mástil. Se cambia del puesto de guardia del Palacio a la entrada principal. Lo realmente raro es lo que sigue: “El Rey ha dispuesto que se celebren cuatro ceremonias al año de arriado e izado" de esta bandera por la Guardia Real, que coincidirán con el 6 de enero como día de la Pascual Militar, el 19 de junio por ser el de su proclamación como Monarca, el 12 de octubre con ocasión de la Fiesta Nacional y el 6 de diciembre al ser el día de la Constitución”.

Parece indecoroso que la Casa Real pretenda vendernos como gran novedad para disfrazar, a mi entender, una grave reducción ceremonial de un acto esencial: el izado y arriado de la bandera y los honores a los caídos. Según la tradición y la ordenanza, la bandera debe ser izada y arriada en todas las dependencias militares y buques de la Armada a la amanecida y a la puesta del sol, respectivamente, con determinados honores, a los que se añade al arriado el homenaje a los caídos.

Cuando el Don Manuel Azaña visitó Francia quedó admirado de que el primer acto del día escolar en el país vecino en la Escuela pública, fuera el izado de la bandera y el canto de la Marsellesa. De suerte que escribió que cuando nosotros tomásemos esa misma costumbre, España sería en verdad una nación.

En el Palacio Real, la enseña nacional ha estado permanentemente izada junto con los estandartes reales en su caso, en todo momento o cuando el Rey se halla en Palacio.
Decir que a partir de ahora la bandera estará izada permanentemente no es novedad alguna. Si solo se va a izar y arriar con honores en cuatro fechas indicativas, ¿qué pasará el resto de los días? En contra de nuestros usos y tradiciones, ¿la bandera estará a pico todo el año, hasta que se caiga de vieja?

Otra curiosidad “de Su Majestad Católica”, una de las advocaciones del Rey de España, es la pretendida modernidad de alejarse de la religión, en apariencia. Felipe es sucesor del heredero del general Franco, quien dejó claro que la monarquía por el instituida “no debía nada al pasado” (discurso de Franco a las Cortes al proponer a su sucesor en julio de 1969)  Y que “para ejercer la Jefatura del Estado como Rey o Regente se requerirá  ser varón y español, haber cumplido la edad de treinta años, profesar la religión católica (entre otras condiciones artículo 9 de la Ley de Sucesión de 1947). Y me dirán con razón, pero todo eso está fuera de lugar porque está sustituido por la Constitución. Entonces, ¿por qué nuestro texto fundamental recoge prácticamente íntegro el  Artículo 11 de la Ley de Sucesión de Franco, estableciendo la discriminación de la mujer con respecto al varón y manteniendo las condiciones esenciales para ser sucesor que dejaron preterida a Elene frente a Felipe?:

Está claro que el Estado es “aconfesional”, pero que la Monarquía, cuyo símbolo está coronado por la cruz, es Católica.  Ahora resulta que en las invitaciones oficiales de la Casa Real se ha suprimido del encabezamiento la fórmula tradicional. Detrás de  “Su Majestad el Rey”, entre paréntesis la expresión (que Dios guarde)” o, en algunos casos, simplemente, (q. D. g). Los turiferarios alabas estos cambios como grandes novedades, ¿novedades de qué? La verdad es no cambian para nada los aspectos esenciales de la institución.

Son tan modernos en la Casa Real que ignoran la Constitución y convierten la sexualidad privada de unas personas “en un colectivo”. ¡Vaya metedura de pata que ha ofendido a muchos ciudadanos! Las recepciones de la Casa Real prometen ser singulares en la medida que se convoque a los ciudadanos no por lo que son, por lo que representan, sino como diría el Premio Nobel Camilo José Cela, por sus preferencias íntimas.

Un gesto de modernidad hubiera sido que Felipe hubiera jurado la Constitución –acto civil- de chaqué como cuando lo hizo como Príncipe de Asturias. Y fue un error y un mensaje equívoco, que previamente a su proclamación como Rey le impusieran la faja de general, rodeado de autoridades militares. ¿Ese es el mensaje que se quiso dar a los españoles…?: Esto sí que es importante, y no andar a vueltas con el mástil de la bandera, quitando un uso formulario de una tarjeta de invitación o invitando a las recepciones a los ciudadanos agrupados por sus apetencias sexuales y no por lo que son por sí mismos.


Como dijo Giuliano Ferrero, “la monarquía precisa ser, para subsistir, una gran ficción

lunes, 6 de octubre de 2014

Los panegiristas que valoran “grandes cambios en el protocolo de la Casa Real”, destacan cuestiones irrelevantes con respecto a lo substancial de esta institución que existe al margen de la voluntad de los ciudadanos, dueños de la soberanía nacional


Siempre me han parecido peor los panegiristas de la monarquía que la propia y anacrónica institución. La monarquía es la que es, la de siempre, la que no ha sido elegida por los ciudadanos y que ha de sobresalir, aparentando no hacerlo. Es demasiado tópico decir que la única modernización posible es la República. Pero no hay otra. Cambiar el turno de un almuerzo, acariciar a un niño en un colegio, ir o dejar de ir a misa o invitar, subrayando su condición, a unas personas de una u otra condición social a una recepción no altera nada substancial. Nada.

Más de una vez me he referido aquí al  “imaginario monárquico”, que es una construcción intelectual, consistente en introducir en la mente de las gentes el concepto de que la monarquía es una institución natural, que por tanto debe ser aceptada como tal con “naturalidad”. Reyes y príncipes siempre han estado ahí, formando parte de nuestras vidas y, además, están imbuidos no ya del origen divino que los consagra, sino de todas las cualidades que consideramos excelentes: el Rey es sabio, prudente, valeroso, etc. Ahora es sencillo y cercano. No creo que más que el golferas simpático precedente que ha sido elevado al inexistente cargo de “Rey honorífico”.

El filósofo y profesor José Rodríguez García se pregunta cómo los mortales normales podemos aceptar como cosa natural que existan instituciones que perviven –aunque cada vez menos- cuya función real es no hacer nada o simplemente existir. “Plantear en qué medida y a través de qué procedimiento el rey sigue siendo ungido por la divinidad –escribe Rodríguez- puede parecer cuestión anacrónica”. Pero no en el caso de España: Juan Carlos fue nombrado rey por decisión personal de un general que era jefe del Estado y Caudillo de España por la Gracia de Dios y sólo responsable ante Dios y ante la historia. O sea, que no cabe duda. El sucesor del heredero sigue la senda.

¿Qué más modernidad se puede pedir si se casa con una agnóstica, republicana de origen, partidaria del aborto y con la necesaria experiencia y contraste?

¿Cómo conservar o mantener en su sucesor la unción divina? Pues para eso están los medios que retratan, relatan y cuentan las acciones extraordinarias que en su vida cotidiana realizan los reyes. Es ahí donde se construye el “imaginario monárquico”. A la gente le basta con descubrir que el monarca o su prole habitan en palacios estimables, que festejan convenientemente, que van de aquí para allá. La propiedad de la dinastía se refleja en la brillantez del papel cuché que es signo conclusivo del favor divino.

Y luego están los panegiristas que examinan, valoran, cuentan y destacan “grandes cambios en el protocolo de la Casa Real”, poniendo el acento en cuestiones propiamente irrelevantes con respecto lo substancial de esta institución, es decir, que sigue existiendo al margen de la voluntad de los ciudadanos, teóricamente dueños residentes de la soberanía nacional.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Los escándalos de la Familia Real obligaron a PP y PSOE a retrasar la “Ley de la Corona” o “Estatuto Real”


La necesidad de dotar o no de un Estatuto al entonces Príncipe de Asturias, y por elevación, de aprobar un Estatuto o Ley de la Familia Real es un viejo asunto que los sucesivos de la democracia nunca se atrevieron a acometer. Pero los sucesivos escándalos, tanto del monarca cesante como de su entorno familiar, aconsejaron no abordar este asunto en un clima desfavorable, en el que el PP y el PSOE mantenían posiciones cercanas. Así que se optó por ir colando pequeñas reformas, como el aforamiento de la reina o la consorte del Príncipe de Asturias. De haber sido más diligentes, otro podría ser el panorama de la infanta Cristina, en cuanto al proceso a que quiere someterla el juez Castro, y el Gobierno, con sus medios, hacer “cuestión de Estado” el impedirlo.

La abdicación de Juan Carlos I cambió por completo el tablero, y, como vemos, con urgente precipitación, se trata de blindarlo ante posibles responsabilidades tantos penales como civiles, lo que, por lo que respecta especialmente a esto último parece sencillamente un desafuero. Si cualquier español tiene un accidente de tráfico con Juan Carlos conductor, no podría, por lo que se pretende, mantener un pleito civil contra él si fuera responsable del accidente.

Felipe de Borbón no disfrutaba de ningún fuero especial y no parecía tener otra función que representar a su padre en determinados actos, acudir a donde el gobierno le indicara o recorrer España tratando de crearse una imagen que le ayudara a consolidar en su día la Corona de la que era heredero. Los constitucionalistas de solvencia democrática consideraron disparatado dotar a Felipe de los mismos privilegios que a su padre, pero por esas paradojas de la historia, lo que el Gobierno pretende es que el padre conserve parte del blindaje que traspasó al hijo.

Hasta ahí aún podría entenderse, pero la cosa va más allá y se extiende a la familia.

Cabe recordar que está pendiente de desarrollar un “Estatuto de la Familia Real” o “Ley de la Corona”. De estar ahora vigentes ¿habrían impedido la imputación de la Infanta Cristina o, al menos, otorgarle determinados privilegios procesales, como el declarar escrito o incluso no hacerlo? ¿A saber?

En todo este asunto, no puede extrañar la postura del PSOE, partido resueltamente dinástico, que ya en la reforma del Código Penal de 1995 reforzó la protección penal del Rey y su familia, incluyendo entre los sujetos de protección especial a sus antepasados o sucesores (sin decir hasta dónde), lo que a juicio de los historiadores es “puro dadaísmo”

Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, al referirse al posible Estatuto de la Familia Real, dijo:

 El asunto debe tratase con mucha tranquilidad y prudencia para buscar un acuerdo entre todos los partidos porque merece una reflexión pausada y no al socaire de una u otra noticia: el Gobierno tiene la obligación de llevar con prudencia, con sensatez y con discreción todo lo que atañe a la regulación de la Corona o del sucesor de la Corona”.

Pero el PSOE fue mucho más claro y directo que el PP a la hora de proteger a al Rey y su entorno. Para Elena Valenciano, sólo era preciso “elegir el momento adecuado para modernizar la monarquía”. Pero ese momento no parece llegar.

Pero quedan muchas cuestiones que regular. Zapatero, durante su mandato, dejó claro que el PSOE no consideraba “prioritario”  regular el acceso de los miembros de dicha familia a las empresas privadas, sus relaciones con entidades financieras y la propia transparencia y control parlamentario, como ocurre en otras monarquías, de los gastos de Palacio. Los gastos reales, no las cuentas parciales que se presentan aquí, sin incluir esenciales partidas del costo de la monarquía de otros Ministerios.

Pero este controvertido asunto no está muerto, sino hibernado, a la espera del momento adecuado para abordarlo: Desde hace tiempo, el PP y el PSOE estuvieron de acuerdo en redactar un texto que debe regular capítulos referidos al estatuto jurídico, funciones y fuero de la familia real, y, entre otras cosas, aclarar quiénes la componen. En diciembre de 2011 se incluía a los Reyes, a los príncipes de Asturias y a sus hijas, Leonor y Sofía. Apenas veinticuatro horas más tarde, un comunicado de la Casa del Rey se desdecía de todo lo anterior e incluía a las Infantas y sus hijos así como a Iñaki Urdangarín.

A este asunto se la han dado muchas vueltas que a veces se pierde la perspectiva, sobre todo en cuestiones de protocolo, sobre quién es la familia real y donde empieza o termina la familia del Rey. ¿Nos quedamos con Felipe, Letiziz, las infantas y los reyes cesantes…?